EEUU teme que haya miles de muertos cuando el agua retroceda
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El presidente de EEUU, George Bush, visitará este lunes por tercera vez la zona devastada por el huracán Katrina, donde las autoridades temen que los muertos se cuenten finalmente por miles. Las calles de Nueva Orleans siguen inundadas y con cadáveres todavía sin contar.
Varios dirigentes políticos han advertido a los ciudadanos de que se preparen para lo peor cuando retroceda el agua. "Serán escenas horribles nunca antes vistas en este país, con la posible excepción del 11 de Septiembre", dijo el secretario de Seguridad Interior, Michael Chertoff, en referencia a los ataques terroristas de 2001, que mataron a casi 3.000 personas. Los primeros 59 cuerpos fueron recuperados en Nueva Orleans, informaron altos funcionarios, advirtiendo que es solamente una fracción de los muertos que se esperan.
Mientras tanto, en el Estado de Misisipi se confirmó -en un balance provisional- la muerte de 152 personas. La cifra oficial de fallecidos en Luisiana, Misisipi y Florida, según un saldo provisional divulgado el domingo, es de 218 víctimas. La Casa Blanca dispuso el domingo que la bandera nacional ondee a media asta en todo el país y sus embajadas en el exterior, como muestra de respeto a las víctimas. La medida se extenderá hasta el martes.
Ante una perspectiva de más de 10.000 muertos, el Gobierno del presidente George Bush activó una operación de relaciones públicas para contrarrestar las críticas sobre su lentitud en responder a la catástrofe. Chertoff hizo campaña en los programas matinales televisivos, la secretaria de Estado, Condoleezza Rice, y el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, visitaron las áreas afectadas.
Chertoff sugirió que el Gobierno federal debe tener mayor liderazgo en estas "ultra-catástrofes". Las autoridades habían ordenado a los 485.000 habitantes de Nueva Orleans --1,4 millones sumando el área metropolitana-- que abandonaran la ciudad, construida por debajo del nivel del mar ante la llegada del huracán, pero miles no pudieron o no quisieron hacerlo.
Algunos policías y bomberos de Nueva Orleans se suicidaron, frustrados por no poder contener el caos en la devastada ciudad, señaló el alcalde Ray Nagin. El alcalde pretende sacar lo antes posible de la ciudad al personal más afectado por el cansancio y el estrés. "Tenemos que drenar esta ciudad. Tenemos que sacar todos esos cadáveres del agua", indicó, estimando que el balance final será de miles de muertos.
El fin de semana se terminó de evacuar a los últimos 10.000 sobrevivientes que habían permanecido en el pabellón deportivo Superdome y el Centro de Convenciones de Nueva Orleans. El Estado de Texas, que ha recibido 230.000 sobrevivientes del desastre, anunció estar al límite de sus capacidades y prepara puentes aéreos para encaminar a los siniestrados hacia otros Estados. Tres grandes barcos de cruceros turísticos de la compañia Carnival serán destinados a dar albergue a los miles de evacuados que quedaron sin hogar.
Dos de ellos, con capacidad para 2.600 personas cada uno, se ubicarán en el puerto de Galveston, en Texas, mientras que el tercero, con 1.800 camas, lo hará en el puerto de Mobile, Alabama. El espectro de enfermedades también amenazaba las tareas de rescate. Los médicos temen que las aguas fétidas y las difíciles condiciones en albergues podrían generar cólera, fiebre tifoidea, malaria y virus del Nilo.
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