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Violencia urbana continúa en Francia, Chirac ordena reforzar acción policial

Información Internacional El presidente francés, Jacques Chirac, anunció el domingo por la noche que "la ación de la policía y de la justicia" será reforzada ante el agravamiento de la violencia urbana que sacude desde hace 11 días los suburbios pobres de París y que llegó a otras ciudades de Francia.

La violencia urbana que sacude a Francia se intensificó este domingo con más ataques contra edificios, tiendas y 1.300 vehículos quemados, 32 de ellos en el centro de París. Por otra parte, numerosos vehículos y cubos de basura fueron quemados en las primeras horas de la noche del domingo en Nantes, Orleans y Rennes (noroeste) mientras que en Toulouse (suroeste) un grupo de unos 30 jóvenes se enfrentó con la policía, que respondió con gases lacrimógenos, anunciaron fuentes policiales y de bomberos. Hasta hace dos días, la violencia se había circunscrito a los barrios pobres de las afueras de la capital francesa, con fuerte presencia de jóvenes nacidos en Francia pero procedentes de familias inmigrantes de origen magrebí y africano. Ni los llamamientos a la calma, ni el anuncio del gobierno de que la policía impondrá el orden por la fuerza parecen socavar la determinación de esos jóvenes que se sienten excluidos de la sociedad francesa y gritan su odio contra el ministro del Interior, Nicolas Sarkozy. En este contexto, el jefe del Estado convocó una reunión de urgencia del Consejo de Seguridad Interior (CSI) al final de la cual reiteró que la "prioridad" era restablecer la seguridad y el orden público. Estas fueron las primeras palabras públicas de Chirac desde el comienzo de la ola de violencia. La falta de declaraciones del mandatario había sido causa de sorpresa y crítica por parte de la oposición de izquierda. En la reunión del CSI estuvo también presente el primer ministro francés, Dominique de Villepin, que al término del encuentro anunció que serán reforzadas "las fuerzas de seguridad en todo el país o dónde sea necesario". Villepin también señaló la aceleración de los trámites para juzgar inmediatamente a los responsables de la actual ola de violencia, al tiempo que hizo un "llamamiento solemne a la responsabilidad de todos" para hacer frente a la crisis y reiteró que "la violencia no es la solución". Por su parte, la oposición socialista y comunista volvió a la carga este domingo en sus peticiones de dimisión del ministro del Interior. En opinión de los socialistas, Sarkozy sólo echó más leña al fuego cuando definió a los jóvenes del extrarradio de "chusma". Vehículos, pero sobre todo edificios públicos, escuelas, comercios y almacenes volvieron a ser la noche pasada, los blancos preferidos de la furia juvenil, que opera con una gran movilidad, y que se extendió también a otras regiones de Francia. El domingo, la policía anunció que detuvo a 349 personas y que 1.295 vehículos fueron incendiados, la cifra más elevada desde el inicio de la violencia, el 27 de octubre, debido a la muerte accidental de dos adolescentes de Clichy-sous-Bois, en el departamento de Seine-Saint-Denis, que se creían perseguidos por la policía. La violencia se propagó como la pólvora en la periferia de París, donde el desempleo, la pobreza, el fracaso escolar y el sentimiento de exclusión social crean un peligroso cóctel. En los últimos diez días, más de 800 personas fueron detenidas y 3.500 vehículos quemados tanto en el extrarradio de París como en otras ciudades del país. En la noche del sábado al domingo la violencia golpeó el corazón de la capital francesa, con 32 coches quemados, algunos de ellos en la emblemática Plaza de la República. En Evreux (oeste), unos violentos enfrentamientos entre policías y jóvenes armados con bates de béisbol causaron numerosos heridos. "Hay una competición entre las ciudades, a ver quién quemará más cosas", escplicó el domingo Amine, de 21 años, que vive en un barrio pobre de Epinay-sur-Seine, cerca de París. "Nunca ví esto aquí", señaló por su parte un policía de 25 años al tiempo que confesaba no tener ganas de poner en peligro su vida "todos los días". Y es que entre los miles de bomberos y policías que cada noche deben hacer frente a la violencia ha empezado a extenderse el cansancio. Algo que les preocupa porque, según un responsable policial que quiso mantener su anonimato, el "bajar la guardia" "puede causar incidentes y atropellos".



 
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