Visiblemente afectado el Papa apareció el domingo de Pascua
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Por primera vez en los 26 años de su papado, Juan Pablo II no concluyó las ceremonias de Pascua con la tradicional plegaria recitada.
Una Pascua dominada por el sufrimiento y el silencio del Papa, se vivió ayer en la Plaza de San Pedro. 70.000 fieles de todo el mundo, conmovidos, no ocultaron su preocupación y, a la vez, su profunda admiración por un hombre enfermo que, pese a todo, no se rinde.
Tal como se esperaba, el Pontífice apareció al mediodía durante 12 minutos en la ventana de su estudio del Palacio Apostólico, desde donde bendijo a la multitud, pero sin lograr pronunciar ni una palabra entendible.
Por primera vez en sus 26 años de pontificado, Juan Pablo II –cuyos músculos faciales no paraban de moverse, mostrando una mímica del rostro distinta– no pudo enviar el tradicional mensaje “urbi et orbi” (a la ciudad y al mundo), que leyó en su lugar el cardenal Angelo Sodano.
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